El procedimiento de elección para la renovación del Consejo de la Judicatura en Ecuador ha generado nuevas preocupaciones con respecto a la transparencia institucional. En el centro del debate está Mario Godoy, quien es el presidente actual del organismo judicial y aspira a ser reelegido para un nuevo mandato de seis años. La controversia se intensifica debido a la inclusión de Christian Troya, antiguo colaborador de Godoy, como miembro del comité técnico encargado de evaluar a los candidatos.
El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) es la entidad encargada de supervisar y llevar adelante este proceso. Tras varios tropiezos legales e impugnaciones, el proceso fue reactivado con la inclusión de una nueva terna, en la cual figura Godoy como postulante. Esta postulación fue viabilizada luego de que la Corte Nacional de Justicia rechazara a uno de los candidatos propuestos por la Asamblea, lo que dejó abierta la puerta para que el actual titular del Consejo de la Judicatura intente permanecer en el cargo hasta 2031.
El foco de atención se ha centrado en Christian Troya, quien actualmente representa a una de las consejeras del CPCCS en la comisión encargada de revisar las carpetas de los postulantes. Troya trabajó bajo la dirección de Godoy en el Consejo de la Judicatura como subdirector de Comunicación, lo que establece una relación jerárquica previa entre ambos. En su rol dentro del comité técnico, Troya deberá revisar los méritos de los aspirantes y emitir criterios técnicos, entre ellos los que se refieren a la carpeta de su exjefe directo.
A pesar de la clara conexión profesional anterior, en el CPCCS se ha tratado de minimizar la posible disputa de interés. Los líderes de la entidad han defendido que la selección de los miembros técnicos es responsabilidad de cada consejería y que no se infringe la normativa vigente. Sin embargo, múltiples voces de la comunidad civil y algunos políticos han solicitado una reevaluación del caso para asegurar la objetividad y la legitimidad del proceso.
El debate ético no se reduce solamente a la relación entre Troya y Godoy. En el trasfondo de esta postulación también se ha detectado un esquema de respaldo político que incluye al círculo cercano del exlíder del Consejo de Participación, Fausto Jarrín, así como a diversos asesores que podrían haber participado en la estructura presente del proceso. Se subraya que múltiples empleados vinculados a este grupo han sido ubicados de manera estratégica en instituciones importantes como el CPCCS, el mismo Consejo de la Judicatura y la Asamblea Nacional.
Organizaciones de observación electoral y de justicia han manifestado que, aunque el reglamento vigente no tipifica explícitamente esta situación como prohibida, existen principios de transparencia, integridad y objetividad que deberían prevalecer. Para ellos, la presencia de Troya en el comité representa una vulneración al espíritu del concurso público, al menos desde la perspectiva de la percepción ciudadana.
La situación presenta un riesgo más elevado al tener en cuenta que el Consejo de la Judicatura es la entidad responsable de gestionar la justicia ordinaria en Ecuador. Cualquier anomalía en su reestructuración podría minar la confianza en el sistema judicial y propiciar nuevos desafíos legales y cuestionamientos institucionales.
En este contexto, crecen las expectativas sobre si el CPCCS tomará decisiones para evitar que este proceso termine desacreditado. Mientras tanto, Godoy continúa en funciones y, al mismo tiempo, como candidato en evaluación, lo cual profundiza la preocupación sobre la independencia real del proceso.
La situación revela una deficiencia en los sistemas de prevención de conflictos de interés dentro de las entidades públicas del país, intensificando el escepticismo del público acerca de la renovación de funcionarios judiciales sin influencias políticas. Todo esto ocurre en un instante crucial para la estabilidad y legitimidad del sistema de justicia en Ecuador.

